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¿Estamos listos?

Por Salvador Cervantes

 

El pasado 15 de mayo dio inicio la temporada de Lluvias y Ciclones Tropicales 2016. De acuerdo con los pronósticos serán alrededor de 30 ciclones de diversas intensidades los que se formarán en ambos océanos (13 Ciclones en el Atlántico y 17 en el Pacífico).

En las últimas semanas, el Pacífico se ha mantenido más activo que el Atlántico, sin embargo no hay que olvidar que el primero de estos fenómenos en el Atlántico fue atípico en el mes de enero de 2016 y fue llamado Alex.

Retomo éste dato porque es importante destacar que fenómenos como Alex, con una atipicidad temporal o como Patricia en el 2015, atípico por su intensidad, pueden ser una constante en los años que vienen.

Es innegable que diversos datos a nivel global indican que algo está sucediendo en el planeta y que más temprano que tarde, observaremos fenómenos mucho más atípicos e intensos relacionados con el cambio climático.

Nuestro país no es la excepción, por nuestra ubicación somos susceptibles al impacto de ciclones por ambas cuencas (Atlántico y Pacífico),  nuestra vulnerabilidad recae directamente en las características propias de las comunidades, donde sin duda aquellas que constantemente son impactadas por fenómenos seguramente hoy prevén, se preparan, se fortalecen y reducen sus riesgos, es decir son más resilentes.

Sin embargo, aquellas poblaciones cuyos impactos son menores -o en su defecto- sucedieron hace varios años, han dejado de percibir los riesgos como una condición real, por ello son más vulnerables.

Percibir el riesgo es una condición social. Es importante analizar que el riesgo se construye desde la propia dinámica de la sociedades, es decir, el componente de vulnerabilidad es un factor que sólo depende de la persona, del gobierno, de la comunidad y de sus interacciones, no así las lluvias, ciclones, sismos y demás fenómenos que son naturales y que difícilmente pueden ser intervenidos o modificados directamente por el ser humano.

El riesgo se construye desde la propia urbanización sin planeación ni sustentabilidad, desde la invasión y luego regularización de colonias en zonas de riesgo; desde el desconocimiento de los fenómenos a los que está expuesta la comunidad, desde la falta de interés de los gobiernos y la sociedad por apostarle a la prevención, la resiliencia y el fortalecimiento institucional, así como el fomento a la cultura de la prevención, entre otros factores.

Hoy, a pocos meses de iniciada esta temporada debemos analizar si estamos preparados: qué tanta importancia le hemos dado a construir una cultura que observe, actúe y se prevenga ante los riesgos que nos circundan.

¿Qué hemos hecho como comunidad? ¿Conocemos los riesgos a los que estamos expuestos? ¿Sabemos dónde está ubicado nuestro refugio temporal? ¿Contamos como sociedad o como Gobierno con los recursos para enfrentar algún evento adverso? ¿Redujimos los riesgos de manera anticipada? Estas son algunas de las preguntas que debemos hacer para evaluar cómo estamos y actuar en consecuencia.

 

Una sociedad preventiva es posible con el trabajo conjunto, la responsabilidad y la conciencia de todos.

Esta columna llamada “Prevención…Notas y Apuntes” pretende ser un espacio para fomentar el análisis, la reflexión y el conocimiento en temas relacionados con la Protección Civil y la Gestión Integral de Riesgos de Desastres, y así la cultura de la prevención y la reducción de riesgos desde la propia sociedad.

Agradezco a Paralelo Informativo la oportunidad de colaborar con ellos en un tema que es difícil de abordar pero con una gran trascendencia para construir juntos una sociedad más resiliente.

 

 

 

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